Definir, crear, mediatizar, interactuar, envasar, publicar y gestionar son cada uno de los pétalos y columna vertebral de esta síntesis de áreas de trabajo y tareas asociadas al desarrollo y presentación de contenidos para la web.
Con ustedes el Modelo Margarita

Ilustración del modelo Margarita, donde se grafican las etapas de trabajo de un contenido web: definir, crear, mediatizar, interactuar, envasar, publicar y gestionar.
Y, aunque como toda bella flor merece contemplarse a cabalidad, en esta ocasión, deshojo esta margarita para profundizar en un factor de considerable relevancia: la gestión.La gestión, entendida como todas aquellas acciones destinadas al monitoreo constante y sistemático de los efectos e impactos de lo que estamos haciendo, es por un lado una invitación, pero también una advertencia para hacernos cargo no solo de lo que se publica, sino también, del “backstage”, es decir, de las tareas invisibles de todo desarrollo.
Pero ¿Dónde radica la importancia de la analítica o métrica web? o más bien ¿Para qué necesito saber cómo le va a mi sitio? Sin mayores rodeos, para comprobar si se va en la dirección correcta o enmendar el camino a tiempo.
Sí, porque medir el efecto de los últimos contenidos publicados, saber el número de visitas, identificar las palabras que los referencian, comprobar en qué lugar se está en Google (“Si no estoy en la primera página de Google no existo”, va a decir Camus) entre otros datos, permiten identificar las demandas de los usuarios y diseñar estrategias para satisfacerlas.
“Sin la gestión están ciegos”, oí decir a Camus en una de las clases del módulo de un diplomado de Periodismo Digital que imparte en la Universidad de Chile y a la que asisto como alumna. Ciegos por enfrentar sin brújula los intereses de los usuarios, ciegos por caer a menudo en la tentación fácil de pensar que el trabajo en un medio web termina con el clic para publicar, ciegos al no ver la masificación de herramientas que hoy permiten medirlo prácticamente todo y peor aún, ciegos, porque muchas veces no se quiere ver, por falta de tiempo o desinterés, cuando precisamente, la clave del éxito puede estar en lo que hacemos tras bambalinas.

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